Lo que nadie te contó sobre tus emociones

Vino a consulta un chico de treinta y pocos.

No dormía. El corazón se le disparaba cuando sonaba el teléfono y era su jefe. Sudaba. Se quedaba paralizado antes de tomar cualquier decisión. Llevaba meses así, con el cuerpo en alerta permanente, estudiando cada síntoma como si fuera el problema. La taquicardia. El insomnio. La sudoración. La tensión en el pecho.

Se había pasado meses intentando controlar todo eso. Técnicas de respiración. Apps. Consejos. Lectura. Nada funcionaba del todo.

Y es normal que no funcionara.

Porque mientras él se peleaba con los síntomas, nadie le había explicado lo más básico: para qué sirven las emociones. Y es que… hasta que no encuentres a tu oso, y lo mates, no vas a descansar (si quieres saber de qué te hablo tendrás que seguir leyendo)


Una pregunta rara

¿Tienen emociones las hormigas?

Piénsalo un momento. Cuando eras pequeño y dibujabas un círculo con el bolígrafo alrededor de una hilera de hormigas, ¿qué hacían? Se chocaban. Se volvían locas. Huían.

¿Los perros tienen emociones?. Las hormigas, algo parecido. Hasta las plantas reaccionan.

Si algo tan antiguo y tan universal existe en casi todo lo vivo, tiene que ser por algo muy importante. Algo anterior a ti, a tus problemas, a tu historia.

Las emociones no son sólo humanas. Son la primera (o de las primeras) herramienta de supervivencia que apareció en el planeta.


Dos hombres y un oso

Imagínate dos personas caminando por el bosque. Una tiene emociones. La otra no.

De repente, aparece un oso.

¿Qué hace el primero, el que no tiene emociones? Exacto, no hace nada, quizá se acerca, quizá se queda parado y sigue a lo suyo…

El que tiene emociones siente algo antes incluso de pensar: el corazón se le dispara, los ojos se le abren, el cuerpo se tensa, la respiración se acelera, empieza a sudar. No decide nada. Su cuerpo ya ha decidido por él. Huye. O coge un palo y lucha.

¿Quién sobrevive?

Esto es lo primero que quiero que entiendas, y quiero que te lo grabes:

La primera función de una emoción es mantenerte vivo.

No es hacerte sentir bien. No es darte información bonita sobre ti mismo. Eso vendrá después. Lo primero, lo más antiguo, lo más bruto: sobrevivir.

Un iPhone es precioso. Tiene un diseño que enamora. Pero si no sirve para llamar, no sirve para nada. Con las emociones pasa igual. Pueden ser, bellas, complejas, hacernos sentir bien o mal, servir para comunicarnos… Pero todo lo demás viene después de su función original.


El problema no es el síntoma

Aquí viene el giro.

El hombre con miedo huye del oso y se mete en una cueva. Y ahora tiene que decidir: ¿dónde me coloco? ¿Al fondo? ¿En la entrada? ¿Pongo una piedra? ¿Y si viene el oso y tira la piedra? Mejor pongo otra. ¿Y si son dos piedras? ¿Y si hago fuego? ¿Y si el humo me delata? ¿Y si se apaga el fuego? ¿Y si viene la madre del oso? ¿Y si…? ¿Y si…?

Puede pasarse la vida ahí dentro. Estudiando el tipo de piedra. El tipo de leña. La composición del mineral. La dirección del viento.

Y nunca salir.

Porque el problema no es la piedra. El problema es el oso.

Vuelve al chico del principio. Cuando tú no duermes, cuando te late el corazón a mil, cuando te sudan las manos antes de abrir un correo… no tienes un problema de taquicardia. Ni de insomnio. Ni de sudoración.

Tienes un oso.

Y mientras sigas obsesionado con el síntoma —con el humo— nunca vas a ver el incendio que lo produce.


Emoción = movimiento

La palabra «emoción» viene del griego. Significa movimiento hacia. Y también lleva dentro «evento»: algo ha pasado.

Una emoción te está diciendo dos cosas al mismo tiempo:

  • Ha ocurrido algo importante.
  • Muévete.

Si bloqueas ese movimiento, si te quedas quieto estudiando piedras, la emoción no desaparece. Se queda dentro haciendo ruido. Más taquicardia. Más insomnio. Más cansancio. Más humo.

Por eso hay gente que lleva años «tratando» su ansiedad y sigue igual. Porque la ansiedad no existe. Existe el miedo, que te pide que hagas algo concreto con algo concreto de tu vida.

Borra la palabra «ansiedad». Sustitúyela por «miedo». Y pregúntate: ¿miedo a qué?

Ahí empieza todo.


Las otras emociones también tienen su oso

El miedo te prepara para huir o luchar: corazón acelerado, músculos en tensión, ojos abiertos, respiración corta. Su mensaje: hay una amenaza, muévete.

El asco te hace arcadas antes de tragar algo que podría envenenarte. Su mensaje: esto no entra.

La tristeza te apaga. Te cansa. Te tira en el sofá. No es un castigo: es tu cuerpo obligándote a parar para pensar qué ha pasado, para no volver a perder lo que acabas de perder. Es la emoción que cura.

La alegría te abre. Te pone guapo, te hace sonreír, te empuja hacia lo que te conviene: el otro, la comida, la vida. Es el imán de la especie.

La sorpresa te detiene un instante para que puedas recalcular. Algo no encaja con lo que esperabas. Mira bien.

La vergüenza regula tu lugar en el grupo. Te avisa de que algo puede costarte el vínculo con los demás. Los humanos sin grupo, en el bosque, no sobreviven.

Ninguna de ellas es un error. Ninguna sobra. Cada una es una alarma afinada durante millones de años para mantenerte vivo, sano y conectado.


Lo que toca ahora

La próxima vez que te acuestes y el corazón se te dispare, no pelees con él. Pregúntale:

Esto es miedo. ¿De qué?

La próxima vez que el domingo te aplaste contra el sofá:

Esto es tristeza. ¿Qué he perdido? ¿Qué me duele?

La próxima vez que no puedas tragar una situación:

Esto es asco. ¿Qué está entrando en mi vida que no debería entrar?

Deja de estudiar el tipo de piedra.

Ve a por el oso.


Si algo de esto te resuena y no sabes por dónde empezar, de eso va la terapia. De salir de la cueva.

Pedro Garau. SIP Psicologia

REFERENCIAS

Bowlby, J. (1969). Attachment and loss: Vol. 1. Attachment. Basic Books. https://www.basicbooks.com/titles/john-bowlby/attachment/9780465005437/

Damasio, A. R. (2005). En busca de Spinoza: neurobiología de la emoción y los sentimientos. Crítica. https://www.planetadelibros.com/libro-en-busca-de-spinoza/35175

Darwin, C. (1872). The expression of the emotions in man and animals. John Murray. https://www.gutenberg.org/ebooks/1227

Ekman, P. (1992). An argument for basic emotions. Cognition and Emotion, 6(3-4), 169-200. https://doi.org/10.1080/02699939208411068

Greenberg, L. S. (2015). Emotion-focused therapy: Coaching clients to work through their feelings (2.ª ed.). American Psychological Association. https://www.apa.org/pubs/books/Emotion-Focused-Therapy-Second-Edition

LeDoux, J. E. (1999). El cerebro emocional. Ariel/Planeta. https://www.planetadelibros.com/libro-el-cerebro-emocional/30137

Panksepp, J. (1998). Affective neuroscience: The foundations of human and animal emotions. Oxford University Press. https://global.oup.com/academic/product/affective-neuroscience-9780195096736

Porges, S. W. (2017). La teoría polivagal: fundamentos neurofisiológicos de las emociones, el apego, la comunicación y la autorregulación. Pléyades.

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