Cuando uno persigue y el otro se aleja: el patrón que destruye relaciones sin que lo veas

Vino a consulta una pareja de unos cuarenta años. Ya no había gritos constantes, ni insultos. Ninguna gran crisis evidente… pero estaban agotados.

Ella decía: «No puedo más. Siento que todo depende de mí. Si no hablo yo, aquí no pasa nada.»

Él decía: «Haga lo que haga está mal. Prefiero callarme porque si digo algo, empeora.»

En la sesión : ella empezó a hablar, a explicar, a pedir, a insistir. Su tono subía poco a poco. Él bajó la mirada. Se quedó en silencio. Se encogió en la silla. Ella insistió más. Él se cerró más. Cuanto más insistía ella más se alejaba él.

En cuestión de minutos ya no estaban hablando entre ellos. Estaban atrapados en algo que les arrastraba. Y lo más importante: ninguno de los dos quería hacer daño al otro. Pero lo estaban haciendo.


Lo que nadie les había explicado

Esto no es un problema de comunicación. Es un patrón. Uno persigue y el otro se apaga. Uno insiste, busca, empuja la relación. El otro se protege, se retira, se desconecta. Y cuanto más hace uno, más se aleja el otro (Es algo parecido a lo que cuento en ¿Por qué discutimos sobre sacar la basura cuando en realidad hablamos de amor?: las discusiones casi nunca son sobre lo que parece)

Para entender por qué ocurre, hay que mirar más adentro.

La base: el apego

John Bowlby describió algo que hoy la investigación sigue confirmando: los seres humanos necesitamos seguridad emocional en nuestras relaciones. No es un capricho ni una debilidad. Es una necesidad biológica. Cuando esa seguridad se percibe amenazada, el sistema de apego se activa. Y cada persona responde de forma distinta (escribí un poco sobre ello en ¡Qué difícil es ser mamá o papá! Apego seguro con los hijos)


Dos formas de proteger el vínculo

El que persigue

No intenta controlar. Intenta no perder la relación. Busca hablar, insiste, pregunta, presiona. Por dentro, lo que siente es algo parecido a: «Si no hago algo, esto se rompe.» La emoción que hay debajo, la que casi nunca se dice en voz alta, es miedo a la pérdida.

El que se retira

No está siendo frío. Está intentando no empeorar las cosas. Se calla, evita, se desconecta. Por dentro: «Si entro ahí, lo estropeo más.» La emoción primaria, también escondida, es miedo a no ser suficiente (Algo que tiene mucho que ver con lo que explico en el artículo sobre autoexigencia).


El ciclo que lo mantiene todo

Esto es lo esencial. No son dos problemas individuales. Es un sistema. Cuanto más uno persigue, más el otro se retira. Cuanto más uno se retira, más el otro persigue. Este patrón ha sido descrito ampliamente en la investigación de pareja por John Gottman y desarrollado desde la teoría del apego por Susan Johnson y Scott R. Woolley.

Y aquí es donde la mayoría de los consejos bienintencionados fallan. Decirle a alguien «habla más»«no seas tan intenso» o «no te cierres» no funciona. Porque el problema no está en la conducta. Está en cómo cada uno regula el miedo dentro de la relación.


Qué sí funciona

Desde la terapia centrada en las emociones, el trabajo va en otra dirección. No se trata de corregir conductas, sino de llegar a lo que está debajo.

Lo primero es externalizar el patrón: que la pareja pueda ver que no es uno contra el otro, sino que los dos están atrapados en un ciclo que se retroalimenta. «No eres tú ni soy yo. Nos pasa esto.»

Después, acceder a la emoción primaria. La que está escondida debajo de la queja, la rabia o el silencio: el miedo a perder, el miedo a fallar, la necesidad de ser visto. Si quieres entender mejor qué son las emociones primarias y para qué sirven, lo explico en Lo que nadie te contó sobre tus emociones.

Y desde ahí, crear nuevas experiencias dentro de la relación. Acercarse sin invadir. Permanecer sin desaparecer. No como una instrucción, sino como algo que se vive en la sesión y que, poco a poco, se traslada fuera.


El momento clave

En una sesión, ella dijo:

«No quiero discutir… me da miedo que no te importe.»

Y él respondió:

«Sí me importa… pero siento que nunca hago suficiente.»

Ahí dejaron de luchar. Y empezaron a verse.


Para cerrar

La mayoría de las parejas que veo en consulta no tienen un problema de amor. Tienen un problema de regulación emocional dentro del vínculo. Uno empuja para no perder. El otro se aleja para no fallar. Y ambos acaban sintiéndose solos.

Si te reconoces en alguno de estos dos lados —o en los dos, porque a veces se alternan—, puede que lo que necesites no sea aprender a comunicarte mejor, sino entender qué emoción se activa cuando sientes que la conexión está en peligro.


Referencias

Bowlby, J. (1969/1982). Attachment and Loss: Vol. 1. Attachment. Basic Books.

Bowlby, J. (1988). A Secure Base: Parent-Child Attachment and Healthy Human Development. Routledge.

Gottman, J. M. (1994). Why Marriages Succeed or Fail. Simon & Schuster.

Greenberg, L. S. (2002). Emotion-Focused Therapy: Coaching Clients to Work Through Their Feelings. American Psychological Association.

Johnson, S. M. (2004). The Practice of Emotionally Focused Couple Therapy. Routledge.

Johnson, S. M. (2019). Attachment Theory in Practice: Emotionally Focused Therapy (EFT) with Individuals, Couples, and Families. Guilford Press.

Pedro Garau Pérez — Psicólogo · SIP-Psicología · Palma de Mallorca

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